sábado, 04 septiembre 2010

Los Topónimos

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Todo lo que hemos dicho para los antropónimos extranjeros y los vernáculos no castellanos, y algo más, sirve también para los topónimos, y para los nombres de instituciones y de equipos deportivos, y, en general, para los nombres propios. Con un importante añadido en el caso de los topónimos que contribuye también, y mucho, a la confusión una norma de uso antigua, que afecta a la mayoría de los idiomas, no solo al español que casi nadie discute explícitamente, pero difícil de seguir con objetivo rigor.


nombrarCando un lugar tiene ya un nombre conocido históricamente, por tradición, en español, debe seguir usándose este; por ejemplo, Londres, Nueva York, París, Múnich, Oporto, Florencia, y no Lodón, New York, Paris, München, Porto, Firenze. Cierto que la regla parece también sencilla y fácil de cumplir, pero tampoco aquí parece posible, por el momento, el acuerdo.


Curiosamente, tras publicar la nueva versión de la ortografía, la española ha recibido muchas críticas airadas, algunas formales, por su apéndice 3, donde incluye una lista de los topónimos cuya versión tradicional en castellano difiere de la original. Debemos, esperar de la Academia que ignore (y ni siquiera mencione) que tradicionalmente, en castellano, hemos dicho y escrito Baviera y no Bayern, Braganza y no Bragança, Champaña y no Champagne, Carballino y no O Carballiño, Carcagente y no Carcaixent, Figueras y no Figueres, Fuenterrabía y no Hondarribia.


En realidad, la docta institución no se pronuncia explícitamente sobre la conveniencia, obligación o posibilidad de seguir llamándolos así; simplemente, proporciona en su apéndice una información lingüística, información que no es bien recibida por todos.

 
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